El vuelo
Poesía
No existe una sola palabra
que hayamos aprendido
que se salve de ser una promesa.
Por eso las repetimos
incansablemente,
frente a un espejo
que es un otro.
Y al comenzar a leerlas
entre líneas,
callamos avergonzados
entre silencios que ascienden
y se clavan en la espalda
como piedras puntiagudas
de un arroyo.
Cada poesía duele más
en aquello que calla
que en aquello que nombra.
O tal vez sean sus alas,
detenidas a la hora de un reloj
que coincide, estoicamente,
con su postura.
Y dejan su dibujo tatuado
sobre un papel muy fino
que desprende, inagotable,
un atroz aroma a corazón.
Torino, 12 de mayo de 2026.



